Sin Siliconas no hay paraíso!


Sin Siliconas no hay paraíso!.

La conocida frase “sin tetas no hay paraíso”, en esencia real es “sin siliconas no hay paraíso”. Esta fue difundida a nivel hispanohablante a través de una telenovela colombiana, que relataba la vida de una chica, donde su anhelo estereotipado, era lucir las espectaculares tetas a través de unas prótesis de siliconas. Se vio la calidad de vida y las peripecias que tuvo que pasar, incluida la vida con narcotraficantes.

Esta introducción me permite ahondar más en el tema y desnudar por completo los estereotipos que nos atrapan como seres humanos y que incluso en la mayoría de los casos nos cuesta hasta la vida… mientras la industria de la televisión, la farándula, Belleza, Miss Universo, el estado, etc. Bien gracias!

Para comenzar, como ecuatoriana jamás voy a negar que haya sido una típica trans, aquella estereotipada de verse delgada a costa de la salud, dejando de alimentarme adecuadamente (hasta el punto de verme esquelética), reuniendo dinero para vestirme y hacerme las cirugías que todos queremos. Negar ese proceso de mi vida sería negar mi pasado, y eso es una contradicción al mismo activismo que llevo, por lo cual me he permitido incluso auto-criticarme.

Puedo decirles que las trans somos víctimas de un sistema cis-hetero-homo-normado. La población trans es la que menos acceso a información tiene. Somos víctimas en apropiación del discurso político para la lucha desde el mismo cuerpo. Es decir, el rol de victima está siendo utilizado en este momento para denunciar y desbaratar un sistema con fallas al que nosotras y nosotros las personas trans e intersex, intentamos calzar inútilmente.

Es un error de la población trans femenina, masculina e intersex el tratar de calzar en un sistema que niega nuestra presencia, y es momento de que nosotros nos valoremos y rechacemos sus prácticas que nos hacen daño. No calzamos en su sistema porque en efecto, somos lo más complejo y sublime de la sexualidad (Léase el último artículo del Diario el Comercio de Ecuador, los Enchaquirados que más bien habla de la transexualidad), y eso tenemos que aprender a valorarlo nosotros mismos. Nos han convencido desde nuestro nacimiento con estereotipos, tan falaces como el que tenemos que calzar en hombres o mujeres (intersexuales), que tenemos que calzar como machos o hembras (transexuales), cuando la realidad es que somos tan complejos, que quienes adquieren la oportunidad de relacionarse con nosotros, obtienen la prerrogativa de estar con un ser humano exótico.

Hablando de las trans femeninas somos aquellas que en auge tratamos de exteriorizar nuestra feminidad no concedida, y a base de la falta de información accedemos a los procesos más económicos que nos cuestan incluso la vida. Esto, sin la regulación de ninguna entidad pública o privada. Estamos brindadas a nuestra suerte. No solo en Ecuador, sino a nivel mundial los gobiernos están en deuda con nuestras poblaciones, que hasta el día de hoy luchamos incluso por una identidad pública como la cédula, negándonos derechos civiles en su sistema tan simple y al mismo tiempo egoísta.

Este sistema binario debe entender claramente las transiciones de la población trans e intersex. En su lenguaje, le denominan exteriorización del género. La exteriorización de la feminidad en el caso de las trans femeninas, debe ser acompañada por familiares, amigos y el estado. No puede ser a la suerte de una chica trans. Es por esto que nuestra calidad de vida es baja y la estadía en este mundo es corta. Todo responde a necesidades muy complejas que ni siquiera compartimos con nuestros colegas gays, lesbianas o bisexuales. El mundo trans e intersex es tan complejo que requiere de una atención inmediata, y que ha sido invisibilizada a través de todos los actores sociales.

Hoy no existe ningún tipo de apoyo o política pública para la población trans e intersex en Ecuador. En lo personal he tomado la decisión de cuidar de mi salud, y porque el ahorro vitalicio me lo ha permitido, puesto que la extirpación de este líquido no es nada económico. Es decir, que puede existir la necesidad de resarcir el error por parte de la población trans (Un involuntario error y que es responsabilidad en demasía del Estado), en relación a la salud de sus cuerpos, pero esta debe ser acompañada por el aspecto económico. Esto se convierte hasta en una lucha de clases que no puede existir en un estado democrático como Ecuador.

Es similar, al reconocimiento del género en la cédula, donde el estado a través del registro civil prácticamente nos dice a las personas trans e intersex, que tenemos que tener 20.000 dólares para ser reconocidos como un ciudadano. Quienes no los tengan, seguirán sufriendo la discriminación, violación y asesinatos, únicamente por no extirparse sus genitales o acomodarlos al gusto del Estado (Y aquí tiene que ver la santísima opinión de la iglesia). Incluso un intento más por binarizar y mutilar nuestros cuerpos institucionalmente. No solo nos piden esa cantidad de dinero, sino que a quienes se encuentran plenamente reconocidos a través de su sexualidad trans e intersex y no desean reasignarse sexualmente, se convierte en una tortura civil que podría concluir con la muerte en el quirófano. Todo para complacer y mantener un sistema binario y obsoleto que no ha sido adaptado aún para las personas trans e intersex.

El tema es simple, el mundo existencialista gira en torno a un género para las personas trans e intersex (al igual que los heterosexuales y homosexuales), y mientras este hecho básico no se satisfaga, el resto importará poco. Lo que ves en el espejo no es lo que te dice esta sociedad, y para calzar accedes a lo más económico e inmediato como los biopolímeros o silicón.

Han muerto un sin número de población trans usando biopolímeros, siliconas, aceite de avión, etc. y en Ecuador aún no existe un política pública que prohíba su práctica. Mucho menos una política de acompañamiento en la adolescencia de aquellas y aquellos jóvenes trans cuando desean transicionar hacia otro género. Si no tenemos, salud, educación y empleo resulta consecuente la falta de este acompañamiento. El estado ecuatoriano debería hacerse cargo de estas problemáticas y garantizar nuestro bienestar. Muchas están dispuestas a hacerlo, pero se requiere del apoyo gubernamental a través de sus hospitales con sus cirujanos y especialistas públicos, y en efecto se cumpla las garantías a las ciudadanías trans e intersex, por lo menos en salud.

Para concluir con el daño de los estereotipos, el sistema binario y en este caso del silicón, puedo decirles, que me siento bien conmigo misma al haber eliminado parte de lo que me aquejaba. Aún falta mucho, no se ha eliminado todo, e incluso hay partes de mi cuerpo que aún no han sido intervenidas, pero es un camino que he decidido transitar para mejorar mi salud. Más allá del compromiso del estado o no, espero que las próximas generaciones y en lo posible de la actual, abandone esta práctica y comentarles que “sin siliconas hay salud encaminada al paraíso”.

Diane Rodríguez
@DianeRodriguezZ
http://www.DianeRodriguez.Net
Activista Trans- feminista

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