OPS advierte que “terapias” de cambio de orientación sexual no tienen justificación médica y amenazan bienestar de personas / PAHO "Therapies" to change sexual orientation lack medical justification and threaten health


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Documentos adjuntos – Attachment documents

OPS advierte que “terapias” de cambio de orientación sexual no tienen justificación médica y amenazan bienestar de personas

Washington, D.C., (OPS/OMS) — Los supuestos servicios de “curación” de personas con orientación sexual no heterosexual carecen de justificación médica y representan una grave amenaza para la salud y el bienestar de las personas afectadas, señala un posicionamiento técnico de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), lanzado el 17 de mayo, que conmemora el Día Internacional contra la Homofobia.

El documento hace un llamado a los gobiernos, a las instituciones académicas, a las asociaciones profesionales y a los medios de comunicación a que expongan estas prácticas y promuevan el respeto a la diversidad. Un 17 de mayo, 22 años atrás, la Asamblea Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud removió a la homosexualidad de la lista de trastornos mentales cuando aprobó una nueva versión de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades (CIE).

“Ya que la homosexualidad no es un trastorno o enfermedad, no requiere cura. En consecuencia, no existe indicación médica para el cambio de orientación sexual”, observó la Directora de la OPS, doctora Mirta Roses Periago. Añadió que las prácticas conocidas como “terapias reparativas” o “de reconversión”, representan “una grave amenaza para la salud y el bienestar, inclusive la vida, de las personas afectadas”.

El documento técnico de la OPS señala que existe un consenso profesional en que la homosexualidad es una variación natural de la sexualidad humana y no se puede considerar como una condición patológica. Sin embargo, varios órganos de las Naciones Unidas han constatado que aún existen supuestas “clínicas” o “terapeutas” que promueven tratamientos que pretenden cambiar la orientación sexual de personas no heterosexuales.

En este posicionamiento técnico se observa que no existe ningún estudio científico riguroso que demuestre la eficacia de los esfuerzos de cambio de orientación sexual. Al mismo tiempo, constata que hay muchos testimonios sobre los daños graves a la salud mental y física que estos “servicios” pueden causar. La represión de la orientación sexual ha sido asociada con sentimientos de culpa y vergüenza, depresión, ansiedad, e inclusive suicidio.

Como factor agravante, se han recibido reportes de que los tratos degradantes, el acoso sexual y la violencia física suelen ser o pueden ser elementos que componen las supuestas “terapias”. Resulta “más inquietante”, señala el documento, que los supuestos servicios de “reconversión sexual” muchas veces se presten de manera clandestina. También se ha recibido información de adolescentes que fueron sujetos a intervenciones de “reparación” de manera involuntaria, y en algunos casos hasta privados de su libertad e incomunicados por varios meses, indica este posicionamiento técnico.

“Estas prácticas son injustificables y deben ser denunciadas y sujetas a sanciones y penalidades dentro de la legislación nacional”, observó la doctora Roses. “Las supuestas ‘terapias de reconversión’ constituyen una violación a los principios éticos de la atención de salud e infringen los derechos humanos de las personas afectadas protegidos por regulaciones internacionales y regionales”, subrayó.

Para enfrentar este reto, el documento de la OPS presenta una serie de recomendaciones para varios sectores, como los gobiernos, las instituciones académicas, las asociaciones profesionales, los medios de comunicación y la sociedad civil. Entre las recomendaciones figuran:

 Que las terapias de “reconversión” o “reparativas” y las clínicas que las ofrezcan sean denunciadas y se apliquen las sanciones correspondientes.
 Que las instituciones públicas responsables de la formación de profesionales de la salud incluyan en sus esquemas curriculares cursos de sexualidad humana y salud sexual con enfoques de respeto a la diversidad y de eliminación de actitudes de patologización, rechazo y odio hacia personas no heterosexuales.
 Que las agrupaciones profesionales diseminen entre sus miembros documentos y resoluciones de instituciones y agencias nacionales e internacionales en las que se hace un llamamiento a despsicopatologizar la diversidad sexual y a prevenir el uso de intervenciones dirigidas a cambiar la orientación sexual.
 A nivel de los medios de comunicación, la homofobia, en cualquier de sus manifestaciones y expresada por cualquier persona debe ser expuesta como un problema de salud pública, de atentado a la dignidad y a los derechos humanos
 A nivel de organizaciones de la sociedad civil, pueden desarrollar mecanismos de vigilancia ciudadana para reconocer violaciones de derechos humanos de personas no heterosexuales y denunciarlas a las autoridades correspondientes.

Este año, la OPS cumple 110 años y es la organización de salud pública más antigua del mundo. Trabaja con todos los países del continente americano para mejorar la salud y la calidad de la vida de las personas de las Américas y actúa como la Oficina Regional para las Américas de la OMS.

“CURAS” PARA UNA ENFERMEDAD QUE NO EXISTE

Las supuestas terapias de cambio de orientación sexual carecen de justificación médica y son éticamente inaceptables

Introducción

Innumerables seres humanos en el mundo viven rodeados de rechazo, maltrato y violencia porque son percibidos como “diferentes”. De entre ellos, millones de personas son víctimas de actitudes de recelo, desdén y odio irracional por causa de su orientación sexual. Estas expresiones de homofobia se cimientan tanto en la intolerancia derivada del fanatismo ciego como en una displicencia pseudocientífica que etiqueta los comportamientos sexuales no heterosexuales y no procreativos como “desviaciones” o resultados de “defectos en el desarrollo”.

Sean cuales fueren sus orígenes y manifestaciones, la homofobia siempre tiene efectos negativos sobre la persona, sobre sus familiares y allegados, y sobre la sociedad en general. Abundan las historias y testimonios de sufrimiento; de sentimientos de culpa y vergüenza; de descalificación social; de amenazas e injurias; de personas brutalizadas y torturadas al punto de causarles lesiones y cicatrices permanentes e incluso la muerte. En consecuencia, la homofobia es un problema de salud pública que necesita ser enfrentado de manera enérgica.

Cualquier expresión de homofobia es lamentable, pero los daños que por prejuicios, ignorancia e intolerancia pueda causar un profesional de la salud son absolutamente inaceptables y deben ser evitados bajo cualquier circunstancia. No sólo es de fundamental importancia dar un trato digno y respetuoso a toda persona que utiliza los servicios de salud; también es crítico prevenir la aplicación de teorías y modelos que pretenden hacer de la homosexualidad una “desviación” o una opción que se puede modificar con “fuerza de voluntad” o con supuestos “apoyos terapéuticos”.

En varios países y localidades de la región de las Américas se ha constatado la promoción continuada, por parte de supuestas “clínicas” o “terapeutas” individuales, de servicios de “cura” de la orientación sexual no heterosexual, enfoque conocido como “terapia reparativa” o de “reconversión”.

Es más inquietante que estos servicios muchas veces se presten no sólo fuera de la escena pública, sino además de manera clandestina. Desde los puntos de vista de ética profesional y de derechos humanos protegidos por tratados y convenciones regionales y universales tales como la Convención Americana sobre Derechos Humanos y su Protocolo Adicional (“Protocolo de San Salvador”) se trata de prácticas injustificables que deben ser denunciadas y sometidas a las sanciones que correspondan.

La homosexualidad como variación natural y no patológica

Cualquier esfuerzo dirigido a cambiar la orientación sexual no heterosexual carece de justificación médica, ya que la homosexualidad no se puede considerar como una condición patológica.

Existe un consenso profesional en que la homosexualidad representa una variación natural de la sexualidad humana sin ningún efecto intrínsecamente dañino para la salud de la persona o la de sus allegados. En ninguna de sus manifestaciones individuales es un trastorno o enfermedad y por eso no requiere cura. Por esa razón, hace ya varias décadas la homosexualidad fue removida de los sistemas de clasificación de enfermedades

La ineficacia y el carácter dañino de las supuestas “terapias de reconversión”

Además de carecer de indicación médica, no existe evidencia científica de que los supuestos esfuerzos de cambio de orientación sexual sean eficaces. Mientras que algunas personas logran limitar la expresión de su orientación sexual en su comportamiento, su orientación misma generalmente aparece como aspecto integral individual que no puede ser cambiado. Al mismo tiempo, abundan los testimonios sobre los daños a la salud mental y física que produce la represión de la orientación sexual. En 2009, la Asociación Psicológica Americana condujo una evaluación de casos de personas sometidas a intervenciones de “reconversión”.

No solamente no se han podido demostrar cambios en su orientación sexual, sino que se ha observado que el intento de cambiar se asocia con depresión, ansiedad, insomnio, sentimientos de culpa y vergüenza e inclusive se han reportado ideaciones e intentos de suicidio. En vista de esta evidencia, imbuir en un paciente la idea de que tiene un “defecto” y de que debe cambiar, constituye una violación al primer principio ético de la atención de la salud: “lo primero es no causar daño”. Esto afecta el derecho a la integridad personal y a la salud, sobre todo en su esfera psicológica y moral.

Reportes de violaciones a la integridad personal y otros derechos humanos

Como factor agravante, las “terapias de reconversión” se deben considerar como amenazas al derecho a la autonomía y a la integridad personal. Existen varios testimonios de adolescentes que fueron sujetos a intervenciones de “reparación” de manera involuntaria, muchas veces por iniciativa de sus familias. En algunos casos, las victimas fueron internadas y privadas de su libertad, llegándose a veces al extremo de mantenerles incomunicadas durante varios meses.

Los testimonios dan cuenta de tratos degradantes, humillaciones extremas, violencia física, condicionamiento aversivo con choques eléctricos o sustancias eméticas e inclusive acoso sexual e intentos de violación “reparativa”, especialmente hacia mujeres lesbianas. Estas intervenciones violan la dignidad y los derechos humanos de las personas, independientemente de que su efecto “terapéutico” sea nulo e incluso contraproducente. En estos casos, el derecho a la salud no ha sido protegido de acuerdo a las obligaciones regionales e internacionales establecidas en el Protocolo de San Salvador y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Conclusión

Un profesional de salud que se presta a hacer “terapia reparativa” se está alineando con prejuicios sociales y mostrando una ignorancia crasa en materia de sexualidad y salud sexual. Al contrario de lo que mucha gente cree o presume, no existe ninguna razón – excepción hecha del estigma resultante de estos prejuicios – por la cual las personas homosexuales no puedan gozar de una vida plena y satisfactoria. La función de los profesionales de la salud es la de no causar daño y ofrecer apoyo al paciente para reducir sus quejas y problemas y no para hacerlos más severos. Un terapeuta que juzga a un paciente no heterosexual de tener comportamientos “desviados”, además de lastimarle, agrava sus problemas. Las llamadas “terapias de reconversión” o “reparativas” carecen de indicación médica y representan una grave amenaza a la salud y a los derechos humanos de las personas afectadas. Son prácticas injustificables que deben ser denunciadas y sometidas a las debidas sanciones y penalidades.

La larga historia de psicopatologización
Por siglos, las personas zurdas sufrieron porque se vinculaba el uso de la mano izquierda (“la siniestra”) con averías y desastres, lo que hacía que se las mirara como portadoras de infortunio y de un “defecto constitucional”. Hasta hace no mucho tiempo, se buscaba “tratar” o “corregir” este supuesto defecto, lo que causó a estas personas sufrimiento, humillación, dificultades en el aprendizaje y en la adaptación a su vida cotidiana.

Recomendaciones
A nivel de los gobiernos:  El maltrato homofóbico consumado por profesionales de la salud o cualquier miembro de los equipos de trabajo en servicios de atención sanitaria es violatorio de las obligaciones de derechos humanos establecidas en tratados universales y regionales. Es inaceptable y no debe ser tolerado.  Las terapias de “reconversión” o “reparativas” y las clínicas que las ofrezcan deben ser vetadas y denunciadas para la aplicación de sanciones que correspondan.  Las instituciones que al margen del sector de la salud ofrezcan este tipo de “tratamientos” deben ser consideradas infractoras del derecho a la salud por usurpar funciones que corresponden al sector de la salud y además por causar daños al bienestar individual y comunitario. Las personas víctimas de maltrato homofóbico deben ser debidamente atendidas de acuerdo a protocolos que los apoyen en la recuperación de su dignidad y autoestima, para tratar cualquier lesión física o daño emocional y para proteger sus derechos humanos, en especial su derecho a la vida, a la integridad personal, a su salud y a su igualdad ante la ley.

A nivel de instituciones académicas:  Las instituciones públicas responsables por la formación de profesionales de la salud deben incluir en sus esquemas curriculares cursos de sexualidad humana y salud sexual con enfoques de respeto a la diversidad y de eliminación de actitudes de patologización, rechazo y odio hacia personas no heterosexuales. La participación de estas últimas en actividades docentes contribuye a desarrollar modelos positivos y a eliminar estereotipos comunes acerca de las comunidades y poblaciones no heterosexuales.  La conformación de grupos de apoyo de personal docente y comunidad estudiantil dentro de las instituciones académicas contribuye a reducir el aislamiento y a promover la solidaridad y la formación de vínculos de amistad y respeto entre los miembros de esos grupos. Mejor aún sería la conformación de alianzas de personas de la diversidad sexual que incluyan a personas heterosexuales.  El acoso o maltrato homofóbico consumado por personal docente o estudiantil es inaceptable y no debe ser tolerado.

A nivel de colegios, asociaciones y otras agrupaciones profesionales:  Las agrupaciones profesionales deben diseminar entre sus miembros documentos y resoluciones de instituciones y agencias nacionales e internacionales en las que se hace un llamamiento a despsicopatologizar la diversidad sexual y a prevenir el uso de intervenciones dirigidas a cambiar la orientación sexual.  Las agrupaciones profesionales deben adoptar posicionamientos definidos y claros en materia de protección de la dignidad de las personas y definir acciones necesarias para prevenir y controlar la homofobia como problema de salud pública que tiene efectos nocivos en el goce de derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.  La utilización de las llamadas “terapias de reconversión” o “reparativas” debe ser considerada fraudulenta y violadora de los principios éticos de la atención de la salud. Los individuos o instituciones que la realicen deben ser sometidos a las sanciones que correspondan.

A nivel de medios de comunicación:  La representación de grupos, poblaciones o individuos no heterosexuales en los medios se recomienda hacerla con el respeto que merece cualquier persona, evitando estereotipos o humor que se preste al escarnio, maltrato y lesiones a la dignidad y bienestar individual y colectivo.  La homofobia, en cualquiera de sus manifestaciones y expresada por cualquier persona sin distinciones ni fueros, debe ser expuesta como un problema de salud pública, de atentado a la dignidad y a los derechos humanos.

 El uso de imágenes positivas de personas y grupos no heterosexuales, lejos de promover la homosexualidad (en virtud de que la orientación sexual no puede ser cambiada), contribuye a crear una visión más humana y más cercana de la diversidad, disipando temores infundados y promoviendo sentimientos de solidaridad con el prójimo.  La publicidad que incite a la intolerancia homofóbica deberá ser denunciada en virtud de que contribuye a aumentar un problema de salud pública y riesgos para el derecho a la vida, con múltiples facetas siendo las más pronunciadas el sufrimiento emocional crónico, la violencia física y los crímenes de odio.  La propaganda de “terapeutas”, “centros de atención” o cualquier instancia que ofrezca servicios para cambiar la orientación sexual debe ser considerada ilegal y consecuentemente debe denunciarse a las autoridades competentes.

A nivel de organizaciones de la sociedad civil:  Las organizaciones de la sociedad civil pueden desarrollar mecanismos de vigilancia ciudadana para reconocer violaciones de los derechos humanos de personas no heterosexuales y denunciarlas a las autoridades correspondientes. Igualmente pueden reconocer la existencia de personas y instituciones que realicen las llamadas “terapias de reconversión” o “reparativas” y denunciarlas.  Los grupos de auto-apoyo que existan o que se formen en respuesta al acoso y hostigamiento de familiares y allegados de personas no heterosexuales pueden facilitar la conexión con servicios de salud y sociales con el fin de proteger la integridad física y emocional de personas maltratadas, además de denunciar abusos y violencia.  El fomento de las interacciones cotidianas respetuosas entre personas con diferentes orientaciones sexuales enriquece a toda la gente y favorece la convivencia armónica, constructiva, saludable y pacífica.

Comunicado de Prensa IDAHO_ES

Terapias de Reconversión_ES

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PAHO “Therapies” to change sexual orientation lack medical justification and threaten health

Washington, D.C., (PAHO/WHO) — Services that purport to “cure” people with non-heterosexual sexual orientation lack medical justification and represent a serious threat to the health and well-being of affected people, the Pan American Health Organization (PAHO) said in a position statement launched on 17 May, the International Day against Homophobia. The statement calls on governments, academic institutions, professional associations and the media to expose these practices and to promote respect for diversity.

Twenty two years ago, on May 17, the World Health Assembly removed homosexuality from the list of mental disorders when it approved a new version of the World Health Organization’s International Classification of Diseases (ICD-10).

“Since homosexuality is not a disorder or a disease, it does not require a cure. There is no medical indication for changing sexual orientation,” said PAHO Director Dr. Mirta Roses Periago. Practices known as “reparative therapy” or “conversion therapy” represent “a serious threat to the health and well-being—even the lives—of affected people.”

The PAHO statement notes that there is a professional consensus that homosexuality is a natural variation of human sexuality and cannot be regarded as a pathological condition. However, several United Nations bodies have confirmed the existence of “therapists” and “clinics” that promote treatment intended to change the sexual orientation of non-heterosexual people.

The document notes that no rigorous scientific studies demonstrate any efficacy of efforts to change sexual orientation. However, there are many testimonies about the severe harm to mental and physical health that such “services” can cause. Repression of sexual orientation has been associated with feelings of guilt and shame, depression, anxiety, and even suicide.

As an aggravating factor, there have been a growing number of reports about degrading treatments, and physical and sexual harassment under the guise of such “therapies,” which are often provided illicitly. In some cases, adolescents have been subjected to such interventions involuntarily and even deprived of their liberty, sometimes kept in isolation for several months.

“These practices are unjustifiable and should be denounced and subject to sanctions and penalties under national legislation,” said Dr. Roses. “These supposed conversion therapies constitute a violation of the ethical principles of health care and violate human rights that are protected by international and regional agreements.”

To address the problem, PAHO makes a series of recommendations for governments, academic institutions, professional associations, the media, and civil society, including:

 “Conversion” or “reparative” therapies and the clinics offering them should be denounced and subject to adequate sanctions.
 Public institutions responsible for training health professionals should include courses on human sexuality and sexual health in their curricula, with a focus on respect for diversity and the elimination of attitudes of pathologization, rejection, and hate toward non-heterosexual persons.
 Professional associations should disseminate documents and resolutions by national and international institutions and agencies that call for the de-psychopathologization of sexual diversity and the prevention of interventions aimed at changing sexual orientation.
 In the media, homophobia in any of its manifestations and expressed by any person should be exposed as a public health problem and a threat to human dignity and human rights.
 Civil society organizations can develop mechanisms of civil vigilance to detect violations of the human rights of non-heterosexual persons and report them to the relevant authorities. They can also help to identify and report people and institutions involved in the administration of “reparative” or “conversion therapies.”

PAHO, which celebrates its 110th anniversary this year, is the oldest public health organization in the world. It works with its member countries to improve the health and the quality of life of the people of the Americas. It also serves as the Regional Office for the Americas of WHO.

“CURES” FOR AN ILLNESS THAT DOES NOT EXIST

Purported therapies aimed at changing sexual orientation lack medical justification and are ethically unacceptable

Introduction
Countless human beings live their lives surrounded by rejection, maltreatment, and violence for being perceived as “different.” Among them, millions are victims of attitudes of mistrust, disdain and hatred because of their sexual orientation. These expressions of homophobia are based on intolerance resulting from blind fanaticism as well as pseudo-scientific views that regard non-heterosexual and non-procreative sexual behavior as “deviation” or the result of a “developmental defect.”

Whatever its origins and manifestations, any form of homophobia has negative effects on the affected people, their families and friends, and society at large. There is an abundance of accounts and testimonies of suffering; feelings of guilt and shame; social exclusion; threats and injuries; and persons who have been brutalized and tortured to the point of causing injuries, permanent scars and even death. As a consequence, homphobia represents a public health problem that needs to be addressed energetically.

While every expression of homophobia is regrettable, harms caused by health professionals as a result of ignorance, prejudice, or intolerance are absolutely unacceptable and must be avoided by all means. Not only is it fundamentally important that every person who uses health services be treated with dignity and respect; it is also critical to prevent the application of theories and models that view homosexuality as a “deviation” or a choice that can be modified through “will power” or supposed “therapeutic support”.

In several countries of the Americas, there has been evidence of the continued promotion, through supposed “clinics” or individual “therapists,” of services aimed at “curing” non-heterosexual orientation, an approach known as “reparative” or “conversion therapy.”1 Worryingly, these services are often provided not just outside the sphere of public attention but in a clandestine manner. From the perspective of professional ethics and human rights protected by regional and universal treaties and conventions such as the American Convention on Human Rights and its Additional Protocol (“Protocol of San Salvador”)2, they represent unjustifiable practices that should be denounced and subject to corresponding sanctions.

Homosexuality as a natural and non-pathological variation
Efforts aimed at changing non-heterosexual sexual orientations lack medical justification since homosexuality cannot be considered a pathological condition.3 There is a professional consensus that homosexuality represents a natural variation of human sexuality without any intrinsically harmful effect on the health of those concerned or those close to them. In none of its individual manifestations does homosexuality constitute a disorder or an illness, and therefore it requires no cure. For this reason homosexuality was removed from the relevant systems of classification of diseases several decades ago.

The ineffectiveness and harmfulness of “conversion therapies”
Besides the lack of medical indication, there is no scientific evidence for the effectiveness of sexual re-orientation efforts. While some persons manage to limit the expression of their sexual orientation in terms of conduct, the orientation itself generally appears as an integral personal characteristic that cannot be changed. At the same time, testimonies abound about harms to mental and physical health resulting from the repression of a person’s sexual orientation. In 2009, the American Psychological Association conducted a review of 83 cases of people who had been subject to “conversion” interventions.5 Not only was it impossible to demonstrate changes in subjects’ sexual orientation, in addition the study found that the intention to change sexual orientation was linked to depression, anxiety, insomnia, feelings of guilt and shame, and even suicidal ideation and behaviors. In light of this evidence, suggesting to patients that they suffer from a “defect” and that they ought to change constitutes a violation of the first principle of medical ethics: “first, do no harm.” It affects the right to personal integrity as well as the right to health, especially in its psychological and moral dimensions.

Reported violations of personal integrity and other human rights
As an aggravating factor, “conversion therapies” have to be considered threats to the right to personal autonomy and to personal integrity. There are several testimonies from adolescents who have been subject to “reparative” interventions against their will, many times at their families’ initiative. In some cases, the victims were interned and deprived of their liberty, sometimes to the extent of being kept in isolation during several months.6 The testimonies provide accounts of degrading treatment, extreme humiliation, physical violence, aversive conditioning through electric shock or emetic substances, and even sexual harassment and attempts of “reparative rape,” especially in the case of lesbian women. Such interventions violate the dignity and human rights of the affected persons, independently of the fact that their “therapeutic” effect is nil or even counterproductive. In these cases, the right to health has not been protected as demanded by the regional and international obligations established through the Protocol of San Salvador and the International Covenant on Economic, Social, and Cultural Rights.

Conclusion
Health professionals who offer “reparative therapies” align themselves with social prejudices and reflect a stark ignorance in matters of sexuality and sexual health. Contrary to what many people believe or assume, there is no reason – with the exception of the stigma resulting from those very prejudices – why homosexual persons should be unable to enjoy a full and satisfying life. The task of health professionals is to not cause harm and to offer support to patients to alleviate their complaints and problems, not to make these more severe. A therapist who classifies non-heterosexual patients as “deviant” not only offends them but also contributes to the aggravation of their problems. “Reparative” or “conversion therapies” have no medical indication and represent a severe threat to the health and human rights of the affected persons. They constitute unjustifiable practices that should be denounced and subject to adequate sanctions and penalties.

The long history of psychopathologization
For centuries, left-handed persons suffered because the use of the left hand (“sinister” in Latin) was thought to be associated with disaster. These people were regarded as carriers of misfortune and as having a “constitutional defect.” Until relatively recently, there were attempts to “treat” and “correct” this supposed defect, causing suffering, humiliation, learning difficulties and difficulties in adapting to daily life in the affected persons.

Recommendations
To governments:
 Homophobic ill-treatment on the part of health professionals or other members of health care teams violates human rights obligations established through universal and regional treaties. Such treatment is unacceptable and should not be tolerated.
 “Reparative” or “conversion therapies” and the clinics offering them should be reported and subject to adequate sanctions.
 Institutions offering such “treatment” at the margin of the health sector should be viewed as infringing the right to health by assuming a role properly pertaining to the health sector and by causing harm to individual and community well-being.
 Victims of homophobic ill-treatment must be treated in accordance with protocols that support them in the recovery of their dignity and self-esteem. This includes providing them treatment for physical and emotional harm and protecting their human rights, especially the right to life, personal integrity, health, and equality before the law.

To academic institutions:
 Public institutions responsible for training health professionals should include courses on human sexuality and sexual health in their curricula, with a particular focus on respect for diversity and the elimination of attitudes of pathologization, rejection, and hate toward non-heterosexual persons. The participation of the latter in teaching activities contributes to the development of positive role models and to the elimination of common stereotypes about non-heterosexual communities and persons.
 The formation of support groups among faculty and within the student community contributes to reducing isolation and promoting solidarity and relationships of friendship and respect between members of these groups. Better still is the formation of sexual diversity alliances that include heterosexual persons.
 Homophobic harassment or maltreatment on the part of members of the faculty or students is unacceptable and should not be tolerated.

To professional associations:
 Professional associations should disseminate documents and resolutions by national and international institutions and agencies that call for the de-psychopathologization of sexual diversity and the prevention of interventions aimed at changing sexual orientation.
 Professional associations should adopt clear and defined positions regarding the protection of human dignity and should define necessary actions for the prevention and control of homophobia as a public health problem that negatively impacts the enjoyment of civil, political, economic, social, and cultural rights.
 The application of so-called “reparative” or “conversion therapies” should be considered fraudulent and as violating the basic principles of medical ethics. Individuals or institutions offering these treatments should be subject to adequate sanctions.

To the media:
 The representation of non-heterosexual groups, populations, or individuals in the media should be based on personal respect, avoiding stereotypes or humor based on mockery, ill-treatment, or violations of dignity or individual or collective well-being.
 Homophobia, in any of its manifestations and expressed by any person, should be exposed as a public health problem and a threat to human dignity and human rights.
 The use of positive images of non-heterosexual persons or groups, far from promoting homosexuality (in virtue of the fact that sexual orientation cannot be changed), contributes to creating a more humane and diversity-friendly outlook, dispelling unfounded fears and promoting feelings of solidarity.
 Publicity that incites homophobic intolerance should be denounced for contributing to the aggravation of a public health problem and threats to the right to life, particularly as it contributes to chronic emotional suffering, physical violence, and hate crimes.
 Advertising by “therapists,” “care centers,” or any other agent offering services aimed at changing sexual orientation should be considered illegal and should be reported to the relevant authorities.
To civil society organizations:
 Civil society organizations can develop mechanisms of civil vigilance to detect violations of the human rights of non-heterosexual persons and report them to the relevant authorities. They can also help to identify and report persons and institutions involved in the administration of so-called “reparative” or “conversion therapies.”
 Existing or emerging self-help groups of relatives or friends of non-heterosexual persons can facilitate the connection to health and social services with the goal of protecting the physical and emotional integrity of ill-treated individuals, in addition to reporting abuse and violence.
 Fostering respectful daily interactions between persons of different sexual orientations is enriching for everyone and promotes harmonic, constructive, salutary, and peaceful ways of living together.

Press Release IDAHO_EN

Conversion Therapies_EN

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