Tu hijo con TDAH o autismo no es «amanerado»: simplemente no sabe fingir la masculinidad (y eso lo pone en riesgo)


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Tu hijo con TDAH o autismo no es «amanerado»: simplemente no sabe fingir la masculinidad (y eso lo pone en riesgo)

Neurodivergencia, expresión de género y violencia: una lectura clínica y psicosocial sobre lo que ocurre cuando un niño no interioriza del todo la vigilancia masculina.

Lo esencial

Expresión de género, orientación sexual e identidad de género no son lo mismo. En niños con TDAH o autismo, ciertas normas sociales pueden ser menos interiorizadas o más difíciles de sostener; corregirlos mediante burla o castigo aumenta el riesgo de daño.

Una escena que se repite

Un niño de nueve años agita las manos cuando se emociona. Habla con una entonación cantada. Prefiere jugar con las niñas o solo. En el recreo ya le dicen «maricón». En casa, su padre le exige que «se pare como hombre».

Ese niño tiene TDAH o autismo. Y lo que su entorno lee como «amaneramiento» casi nunca es lo que cree.

Mi tesis es esta: muchos varones neurodivergentes no expresan la masculinidad tradicional porque no ejecutan, o no logran sostener, el aprendizaje social que la impone. No es una provocación. Tampoco es, necesariamente, una identidad. Es lo que queda a la vista cuando falla la vigilancia de género que el resto de los hombres aprendió a ejercer sobre sí mismo.

Entender esto cambia la forma en que los tratamos. Y puede ahorrarles años de violencia.

Lo que he observado en consulta

Durante años de práctica clínica y trabajo comunitario he visto un patrón recurrente. Niños, adolescentes y hombres adultos con TDAH o dentro del espectro autista muestran una expresión de género menos marcada: gestos, tono de voz, intereses y formas de vincularse que su entorno etiqueta como «femeninos».

Escribo, además, como mujer con TDAH. Sé lo que cuesta sostener cada día una conducta que el entorno espera y que no surge de forma automática.

Lo notable no es la intensidad, sino la ausencia de esfuerzo. No hay intención de transgredir ni de ocultar. Simplemente, la actuación masculina que la mayoría de los varones aprende a sostener no está ahí, o aparece de forma intermitente.

Esto es una observación clínica, no un estudio. Por eso la contrasté con la evidencia publicada. Lo que encontré confirma el patrón y ofrece una explicación más precisa que la intuición inicial.

Qué dice la evidencia científica

La relación entre neurodivergencia y expresión de género no normativa está documentada desde hace más de una década, con resultados consistentes entre estudios y países.

Estudio Población Hallazgo principal
Strang et al. (2014) Niñas, niños y adolescentes de 6 a 18 años Se reportó varianza de género en el 5,4 % de quienes tenían autismo y en el 4,8 % de quienes tenían TDAH: más de siete y seis veces más frecuente que en el grupo de comparación.
Bejerot y Eriksson (2014) 50 adultos autistas sin discapacidad intelectual y 53 controles En hombres y mujeres autistas, los rasgos del rol masculino tradicional (asertividad, liderazgo, competitividad) fueron más débiles.
Gilani et al. (2015) Jóvenes adultos de la población general Quienes tenían más rasgos autistas mostraban rasgos faciales menos típicos de su sexo.
Warrier et al. (2020) 641.860 personas en cinco bases de datos Las personas trans y no binarias tenían entre tres y seis veces más probabilidad de contar con un diagnóstico de autismo.

Strang y su equipo propusieron dos explicaciones. En el autismo, una menor conciencia de las restricciones sociales reduciría el impulso de ocultar la expresión de género. En el TDAH, la dificultad para inhibir impulsos haría más difícil mantenerla «bajo control».

Dos límites deben quedar claros. Son estudios de asociación, no de causalidad. Y casi todos provienen de Norteamérica y Europa: en América Latina este fenómeno sigue sin investigarse.

La masculinidad es una actuación vigilada

Para entender el fenómeno hay que invertir la pregunta. No se trata de por qué estos varones «se salen» de la masculinidad, sino de cómo el resto aprende a quedarse dentro.

Judith Butler (1990) planteó que el género no es algo que se es, sino algo que se hace, mediante actos repetidos que imitan una norma. Esa repetición exige observar, imitar y corregirse de forma constante.

Raewyn Connell (1995) describió la masculinidad hegemónica: un modelo dominante que pocos hombres encarnan del todo, pero con el que todos son medidos. Michael Kimmel (1994) identificó el motor que la sostiene: el miedo de los hombres a ser vistos como «poco hombres» por otros hombres. Por eso la llamó una forma de homofobia.

C. J. Pascoe (2007) lo documentó en escuelas secundarias. El insulto «maricón» no se dirige principalmente a los chicos gais. Funciona como castigo para cualquiera que falle en la actuación masculina: gestos, voz, emociones o intereses.

Este sistema exige tres capacidades. Son justamente las que el autismo y el TDAH comprometen:

Lo que exige la masculinidad tradicional En el autismo En el TDAH
Leer qué gestos y conductas «corresponden» a un hombre Menor lectura implícita de normas sociales Lectura posible, pero con atención intermitente
Anticipar la burla o el juicio de los pares Menor anticipación del juicio ajeno Anticipación débil en el momento de actuar
Inhibir lo que no encaja en el modelo Menor motivación para ajustarse a la norma Dificultad para frenar el impulso

Síntesis de la autora a partir de Strang et al. (2014) y de la literatura sobre masculinidades citada.

Camuflaje: el costo de fingir

Hull et al. (2017) entrevistaron a 92 adultos autistas sobre el «camuflaje social»: las estrategias para ocultar sus rasgos y parecer «normales». Lo hacían para encajar y conectar con otras personas. El precio era agotamiento y daño a la percepción de sí mismos.

La masculinidad tradicional funciona como un camuflaje que casi todos los varones neurotípicos ejecutan sin notar el esfuerzo. Para un varón neurodivergente, ese esfuerzo es visible y costoso. Algunos lo logran a medias y llegan a la adultez exhaustos. Otros no lo logran y quedan expuestos.

Por eso la pregunta «¿lo hace a propósito?» está mal planteada. En la mayoría de los casos, lo que vemos no es la presencia de una provocación, sino la ausencia de un disfraz.

Tres errores de lectura que debemos dejar de cometer

  1. Asumir que es homosexual. La expresión de género no indica orientación sexual. Un gesto suave no dice nada sobre a quién desea una persona.
  2. Asumir que es «confusión» y que invalida cualquier identidad trans. Es el error más peligroso. Warrier et al. (2020) muestran que una proporción importante de personas trans y no binarias es autista. Que la neurodivergencia facilite la expresión no vuelve falsa la identidad. Cuando una persona neurodivergente afirma su identidad de forma consistente, merece la misma escucha que cualquier otra.
  3. Asumir que hay que corregirlo. Forzar la masculinización mediante castigo, burla o intervenciones «correctivas» no produce un hombre más sano, sino uno más ansioso. Strang et al. (2014) encontraron más síntomas de ansiedad y depresión en niñas y niños neurodivergentes con varianza de género.

La lectura profesional es una sola: observar sin etiquetar y permitir que la persona, con el tiempo, nombre quién es.

El costo: acoso, violencia e insulto homofóbico

La vulnerabilidad es medible. Un metaanálisis de 17 estudios estimó que el 44 % del estudiantado autista sufre acoso escolar y que la mitad sufre acoso verbal (Maïano et al., 2016). Su riesgo es mayor que el de sus pares neurotípicos.

A un niño neurodivergente con expresión de género no normativa se le suman dos estigmas: el de la discapacidad y el de «no ser suficientemente hombre». Siguiendo a Pascoe (2007), el insulto homofóbico es el vehículo natural de esa violencia, aunque el niño no sea gay.

La agresión no empieza solo en el patio. Muchas veces empieza en casa, con correcciones bienintencionadas: «no muevas así las manos», «habla como hombre». El mensaje que recibe es que su forma natural de estar en el mundo es un defecto.

Lo que estos varones nos enseñan sobre las nuevas masculinidades

Los varones neurodivergentes funcionan como un experimento natural. Muestran cómo luce un hombre cuando la presión social para masculinizarse no se interioriza del todo.

Lo que aparece no es un «hombre fallido». Es un hombre con mayor rango expresivo: emociones visibles, gestos libres, intereses que no pasan por el filtro del miedo al ridículo. Muchos programas de nuevas masculinidades intentan, con años de trabajo, que los hombres neurotípicos recuperen exactamente eso.

La conclusión incomoda: la masculinidad rígida no es natural. Es aprendida, vigilada y castigada. Quienes no logran aprenderla nos revelan cuánto esfuerzo invierten los demás en sostenerla.

Defender a estos niños es, al mismo tiempo, defender masculinidades plurales para todos los hombres.

Qué hacer: familias, escuelas y profesionales

Actor Qué hacer Qué evitar
Familias Validar su forma de expresarse. Preguntar con regularidad cómo le va en la escuela. Buscar evaluación profesional si aparecen ansiedad o aislamiento. Corregir gestos, voz o juegos. Usar el «sé hombre» como forma de disciplina.
Escuelas Incluir el insulto homofóbico en los protocolos contra el acoso, aunque la víctima no sea gay. Formar al personal docente en neurodivergencia y género. Tratar las burlas como «cosas de chicos». Culpar a la víctima por «llamar la atención».
Profesionales de salud mental Evaluar por separado expresión de género, identidad y orientación. Explorar el acoso como fuente de ansiedad y depresión. Atribuir toda expresión a la condición neurológica. Ofrecer intervenciones de «masculinización».
Hombres adultos neurodivergentes Reconocer el agotamiento que deja el camuflaje. Buscar espacios donde no se exija actuar. Leer su propia historia como un defecto personal.

Conclusión

Cuando un varón con TDAH o autismo se expresa de forma menos masculina, casi nunca está desafiando a nadie. Está mostrando lo que la mayoría de los hombres aprendió a esconder.

Nuestra tarea no es corregirlo ni etiquetarlo antes de tiempo. Es protegerlo de la violencia que provoca su honestidad y escuchar quién dice ser cuando pueda decirlo.

Consultas profesionales

Atiendo consultas privadas sobre neurodivergencia, expresión de género y desarrollo psicosocial para familias, personas adultas e instituciones educativas. Agenda y condiciones: info@dianerodriguez.net.

Mgs. Diane Rodríguez Zambrano es psicóloga y abogada, magíster en Psicología Jurídica y Forense, en Género y Desarrollo (FLACSO), en Gestión del Talento Humano y en Administración Pública.

Referencias

  • Bejerot, S., & Eriksson, J. M. (2014). Sexuality and gender role in autism spectrum disorder: A case control study. PLoS ONE, 9(1).
  • Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge. (Ed. en español: El género en disputa, Paidós).
  • Connell, R. W. (1995). Masculinities. University of California Press.
  • Gilani, S. Z., Tan, D. W., Russell-Smith, S. N., Maybery, M. T., Mian, A., Eastwood, P. R., Shafait, F., Goonewardene, M., & Whitehouse, A. J. O. (2015). Sexually dimorphic facial features vary according to level of autistic-like traits in the general population. Journal of Neurodevelopmental Disorders, 7, 14.
  • Hull, L., Petrides, K. V., Allison, C., Smith, P., Baron-Cohen, S., Lai, M.-C., & Mandy, W. (2017). «Putting on my best normal»: Social camouflaging in adults with autism spectrum conditions. Journal of Autism and Developmental Disorders, 47(8), 2519–2534. https://doi.org/10.1007/s10803-017-3166-5
  • Kimmel, M. S. (1994). Masculinity as homophobia: Fear, shame, and silence in the construction of gender identity. En H. Brod y M. Kaufman (Eds.), Theorizing masculinities. Sage.
  • Maïano, C., Normand, C. L., Salvas, M.-C., Moullec, G., & Aimé, A. (2016). Prevalence of school bullying among youth with autism spectrum disorders: A systematic review and meta-analysis. Autism Research, 9(6), 601–615. https://doi.org/10.1002/aur.1568
  • Pascoe, C. J. (2007). Dude, you’re a fag: Masculinity and sexuality in high school. University of California Press.
  • Strang, J. F., Kenworthy, L., Dominska, A., Sokoloff, J., Kenealy, L. E., et al. (2014). Increased gender variance in autism spectrum disorders and attention deficit hyperactivity disorder. Archives of Sexual Behavior, 43(8), 1525–1533. https://doi.org/10.1007/s10508-014-0285-3
  • Warrier, V., Greenberg, D. M., Weir, E., Buckingham, C., Smith, P., Lai, M.-C., Allison, C., & Baron-Cohen, S. (2020). Elevated rates of autism, other neurodevelopmental and psychiatric diagnoses, and autistic traits in transgender and gender-diverse individuals. Nature Communications, 11, 3959. https://doi.org/10.1038/s41467-020-17794-1

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