Transfeministas de Iberoamérica, una lucha dentro de la lucha


Mujeres trans de Argentina, Ecuador, México y España narran cómo es su lucha diaria al interior del gran movimiento llamado feminismo

Unas a más temprana edad que otras, pero todas ellas han tenido que asumir dos (o más) causas paralelas y hacerlas visibles: una enarbolada con la bandera azul, rosa y blanco y la otra con la de color violeta. Como si no fuese suficientemente difícil ser mujeres, ellas decidieron asumirse como transfeministas y llevar una lucha que es parte de otra lucha.

El feminismo es un movimiento que no puede concebirse sin sus propios movimientos internos, pues al ser una maquinaria viva y constantemente en evolución, contiene muchas causas que son las que le dan esa fuerza que ha cambiado y pretende seguir cambiado la sociedad. Una de estas células es el transfeminismo, una causa que trasciende al cuerpo y nos pregunta constantemente qué es ser mujer en toda la extensión de la palabra.

Si bien de la célula del transfeminismo no se habla mas que cuando se trata de poner de por medio la palabra TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist o Feminista Radical Trans-Excluyente, en español), quisimos conocer el otro lado, las voces de representantes de los movimientos transfeministas en Iberoamérica que nos contaron cómo se vive este en sus países.

Siobhan Guerrero Mc Manus, México

Sihbon Mc Manus
Sihbon Mc Manus

Si una niña trans quisiera ser una científica e investigadora que se mueve tanto en la academia como en la pista haciendo voguing, ya pueden mirar a Siobhan Guerrero Mc Manus, investigadora en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM y cofundadora del Laboratorio Nacional Diversidades en México.

Para Siobhan, el transfeminismo constituye un nuevo capítulo en esta historia de la constante reescritura de qué es y qué puede ser el feminismo.

Asumirse como transfeminista fue más difícil que hacerlo como mujer trans, le tomó 10 años lograrlo. Intentó hacerlo leyendo cuentos, teoría, pero la respuesta estuvo en su propia transición. “Fue simplemente la decisión de vivir la que me llevó ahí”, comenta.

Además de su trabajo académico en la Universidad Nacional Autónoma de México, la doctora Siobhan Guerrero es activista. Lo hizo primero por las causas LGBT+ y posteriormente por las feministas.

“En estos años me he ido moviendo hacia preguntas que tienen que ver con las cadenas de violencias que viven las mujeres trans, como una intersección de violencias misóginas y lgbtfóficas y básicamente lo que me mueve es el hecho de que veo a mis amigas introyectando todo el tiempo la posibilidad de que las maten. A mí misma me pasa. Estas cadenas de violencias que comienzan en el hogar, en la escuela, en el trabajo, que van marginalizando y haciendo que una vida no valga nada, hasta que alguien pueda tomarla y no pase nada… eso es lo que más me mueve ahora mismo”.

Siobhan F Guerrero Mc Manus
“¿Cómo podríamos ser las mujeres trans un problema? Somos el 0.6% de la población mundial y no somos el 0.6% poseedor de los mayores privilegios”

Ella aboga por la lucha transfeminista dentro del feminismo. “El transfeminismo debe ser feminista en el sentido de luchar también por problemas que viven compañeras que no son trans. Debe defender el derecho de todos los cuerpos a decidir cómo quieren vivirse y eso implica coincidir en temas de despenalización del aborto o el derecho a una transición de género que pasan por una autonomía corporal”.

Reivindica el transfeminismo con una bandera porque las mujeres trans tienen necesidades específicas como una población. “Para mí el transfeminismo es ante todo un feminismo que tiene que hablar de cuestiones de clase, de raza, y otras experiencias que no vivimos y tendríamos que ser solidarias con nuestras compañeras de lucha”.

La comunidad transfeminista en México tal vez sea más visible que en otros países de Latinoamérica, pero no deja de ser un grupo reducido y privilegiado en el aspecto de tener la posibilidad de aprender sobre el tema. De acuerdo con la doctora, esto ocurre porque son pocas las mujeres trans que pueden detenerse a hacer una crítica transfeminista, pues tienen otras preocupaciones más urgentes.

—¿Qué es lo mejor que te ha dejado el feminismo?

A veces siento que me deja en una situación de angustia, porque me siento muy impotente, pero siento que me ofrece posibilidades para pensar y actuar, donde quizás yo sola no hago la diferencia, pero quizás si nos coordinamos podremos hacer una diferencia. Es la esperanza de que coordinadamente podremos hacer un cambio, aprendiendo a cohabitar una diferencia y un respeto.

Diane Rodríguez, Ecuador

Ella es una mujer que se ha visibilizado en la política de su país, en 2017 fue electa como la primera mujer trans a la Asamblea Nacional de Ecuador y en 2018 fue asesora de Verónica Espinosa, ministra de Salud Pública de Ecuador, en la estrategia Nacional de Derechos Humanos.​ Ha sido presidenta en la Asociación Silueta X y presidenta en la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBTI. En marzo de 2019 creó la primera Cámara LGBT de Comercio Ecuador​ y en octubre de ese mismo año el primer Centro Psico Trans.

A Diane el activismo le vino con la propia vida, pues desde que tenía 16 años se asumió como mujer trans; su padre la expulsó de casa y ella tuvo que ejercer el trabajo sexual para sobrevivir. Su transición fue algo sumamente complicado: “Ecuador tiene una situación social, política y cultural sumamente conservadora, discriminatoria y que lamentablemente impide que aquellas personas que conformamos grupos sociales históricamente discriminados, podamos justamente tener un libre desarrollo de nuestra vida, nuestra personalidad”, explica Diane.

“Yo sabía que aceptarme iba a tener un precio muy alto que iba a tener que pagar, empezando por mi propia familia (estuve separada de la materna por 10 años y con la paterna actualmente no tengo contacto) o por la situación de no poder encontrar un amor verdadero, porque a las mujeres trans se nos ve de una manera exótica, solamente para cuestiones sexuales. Sabía todo eso, también sabía del castigo social y sus repercusiones como el acceso a la educación, al trabajo, incluso a la justicia o la ciudadanía”.

Diane Rodriguez ecuador
\”Mi cuerpo es una plataforma política para promover el transfeminismo\”

Ser mujer trans como transfeminista se trata de tener fortaleza. Para ella fue más importante ser quien quería ser que todos los problemas a los que iba a enfrentar.

El espacio académico le dio ese lugar que necesitaba. A la par, convirtió la ira que sentía hacia esa sociedad tan discriminatoria en un arma de lucha social y política en favor de sus pares y las poblaciones LGBT+, pero sobre todo de las mujeres trans que son las más discriminadas del conglomerado, explica Diane.

“Ser una mujer trans es una ruptura del sistema cisgénero patriarcal, entonces, a partir de ello —en mi vivencia— fue más sencillo entrar al feminismo, que va por la misma vía. No puedo decir que no haya compañeras feministas que no nos aceptan y nos quieren separar, pero eso es parte del propio movimiento feminista y la dialéctica que debe de irse construyendo poco a poco. Y si vemos las olas del feminismo, vemos que hemos avanzado”.

En 2016, luego de cuatro años de lucha, ella y otras activistas trans lograron conseguir el reconocimiento del género para las personas trans en Ecuador.

Diane Rodgz
\”El que las mujeres tengan que involucrarse sexualmente con personas indeseables me motiva a querer cambiarlo\”

Una de las causas que más la mueven es la de las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en contra de su voluntad. “Este sistema social no quiere abrir espacios laborales o no les permite tener un crecimiento académico alto. Ejercer el trabajo sexual en estas condiciones se convierte en un sufrimiento, el que las mujeres tengan que involucrarse sexualmente con personas indeseables, violentas, criminales solo por llevarse un pan a la boca es algo que me motiva a querer cambiarlo. Yo pude cambiar mi vida y lograrlo para más mujeres como yo es un deber, el accionismo es un deber de vida”.

Para Diane, feminismo sí, pero más específico: transfeminismo, porque habla de inclusión. “A nosotras”, aclara, “se nos considera como traidoras del patriarcado, porque habiendo tenido el privilegio de nacer varones, decidimos pertenecer al género mancillado. Eso es lo que nosotras representamos y por eso nuestras muertes son terribles, son de cerca de 40 cuchilladas, son cuerpos desmembrados”.

Al hablar de transfeminismo, apunta Diane, ya no hablamos de los cuerpos como racialización, “hablamos de que las mujeres cisgénero siguen viendo a las mujeres trans conforme a su genitalidad y por eso muchas veces no las incluyen en el feminismo (hablando de las llamadas TERF, que excluyen a las mujeres trans del feminismo, no quiero polemisar, pero existen y son comportamientos nocivos). Reconocerlas a partir de su género es un proceso al que queremos llegar”.

Daniela Castro, Argentina

La historia de Daniela es alentadora pues para ella tanto transicionar como entrar al feminismo fue un paso natural en su vida, como se desearía que fuese para cualquier mujer trans. “Yo siempre cuento que no tuve en mi vida un antes y un después, fue un proceso que ocurrió prácticamente desde que tengo uso de razón, no fue tortuoso, fue acompañado. Junto con esto llegó el feminismo que también fue muy natural, nada complejo asumirme como feminista”.

Esa seguridad con la que habla refleja el empoderamiento que tiene, la claridad para accionar en lo que ella considera justo.

daniela castro
\”Me mueve es la injusticia frente a inequidad de derechos hacia poblaciones vulnerables\”

En 2011, Daniela Castro se convirtió en la primera mujer trans de Buenos Aires en obtener una identificación oficial acorde a su identidad de género, y en enero del 2020 asumió el cargo como directora en el área de Diversidad Sexual en el ministerio de Mujeres, Política de Género y Diversidad sexual de la capital de Argentina.

No obstante, tener una transición natural no la ha librado de tener batallas duras. Obtener su nueva identificación oficial fue una de ellas, entrar a la política para poder emprender acciones para mermar la discriminación fue otra que le llevó varios años. Antes de entrar como funcionaria pública, le tocó hacer activismo fuera de esta.

“A mí me mueve la defensa de los derechos. La población trans y travesti es sumamente vulnerable, de las que históricamente hemos tenido que batallar para poder insertarnos en cada ámbito de la sociedad: en lo laboral, en la salud, en lo habitacional, en la educación, en la familia. Para todo siempre fue plantar bandera y comenzar una lucha”, explica Daniela.

Para ella es importante hablar de transfeminismos además del feminismo porque es otra lucha. “En Argentina no vemos que en el informativo pasen el asesinato de una mujer trans y entonces todo mundo salga a la calle a pelear y a pedir justicia, eso no lo vemos. Yo creo que es un proceso que forma parte de estos movimientos de mujeres, de los movimientos disidentes y de diversidad, instalarlo para que se comience a defender, a visibilizar, a comenzar a tener estadísticas reales de lo monstruoso que son los transfeminicidios, esto ayudará a generar conciencia y prevención”.

Daniela Castro
\”Lo mejor que me ha dejado el feminismo es el empoderamiento\”

—¿Qué es lo mejor que te ha dejado el feminismo?

El empoderamiento, sin duda, el de todas las mujeres, las disidencias, la diversidad, el posicionamiento político en un país donde esto estaba en un lugar muy distante al que ocupan los hombres. Lo que nos está dejando el feminismo —y que apenas comienza porque es un cambio cultural larguísimo— es el ganar espacios, estar en las agendas políticas, eso es un hecho importantísimo.

Vicky Muñoz, España

“Me di cuenta de que era una mujer trans con 18 años, casi 19, y aunque fue una liberación, también fue un shock muy grande. Principalmente fue darme cuenta de que pasaba a pertenecer a un colectivo con alto riesgo de exclusión social, que la probabilidad de

caer en la explotación sexual es muy alta (del 80%-90% en España), de que la esperanza de vida cae en picado, y un largo etc. Ser feminista (marxista en mi caso), fue cuestión de escoger la herramienta más efectiva para acabar con esta desigualdad”, recuerda Vicky Muñoz, transfeminista española.

Su condición de vida la orilló a moverse en un plano más activo en pro de los derechos de las mujeres trans de su país. “Hay una frase que me dijo una amiga, que se me grabó en la cabeza a fuego y dice: ‘Siempre me guié por el interés general de la clase obrera’. Esto es lo que me mueve porque vivimos en una sociedad capitalista responsable de las miserias de mucha gente, y hasta que las y los explotados no tomemos el poder, no podremos acabar con esas miserias, porque los explotadores viven muy bien de ellas”.

Vicky Muñoz España
\”Vivimos en una sociedad capitalista responsable de las miserias de mucha gente\”

España, como toda Latinoamérica, también está inmersa en un momento de cambio social, donde las mujeres han tomado las calles para exigir igualdad de derechos, seguridad. Las activistas transfeministas han tenido una tarea doble, pues han tenido que luchar primero en su propia comunidad LGBT+ y después en la feminista, que no siempre las ha acogido con brazos abiertos.

No obstante, Vicky Muñoz y sus compañeras han logrado tener bastante unidad y solidaridad entre todes. “Nos ayudamos mucho con cualquier cuestión, ya sea personal o política, y suele haber muy buen ambiente. Hay cierto grado de politización, lo cual está muy bien teniendo en cuenta la precaria situación de las personas trans y en especial de las personas transfem. Estoy bastante contenta y yo me siento muy acogida y querida por toda la comunidad”.

Ella es de las que aboga por una unidad de los feminismos para un fin común. “Considero que es el momento de hablar de la unidad entre quienes realmente queramos cambiar las cosas. Eso implica que diversas corrientes teóricas deberán buscar la forma de entenderse, ya hablemos de marxismo, de feminismo radical, o de transfeminismo. Siempre persiguiendo un objetivo común que es acabar con toda forma de explotación o desigualdad, por eso creo que deberíamos hablar de feminismos que estén dispuestos a avanzar”.

—¿Qué es lo mejor que te ha dejado el feminismo?

Diría que la solidaridad en momentos especialmente duros, cuando hay disforia, o cuando hay un grupo que dirige odio hacia a ti desde dentro, anima muchísimo ver a compañeras mostrando su apoyo al igual que lo harían con cualquier otra.

Fuente: play Ground

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