Tres jóvenes trans rompen las barreras laborales


Fuente: http://tinyurl.com/np3zhqp

Tres jóvenes trans rompen las barreras laborales

En la lucha por ser incluidos en la sociedad, los transexuales también pasan obstáculos para terminar el colegio o lograr un título universitario. Una encuesta sobre las condiciones de vida de los GLBTI, realizada por el INEC, indicó que solo el 31,8% de miembros de este segmento de la población tiene un título universitario. Pocos son los habitantes trans que obtienen un empleo acorde a sus estudios, ya sea en el sector público o privado.

Roberta Montero, quien es transexual femenina, es una de las excepciones. La joven de 33 años se incorporó como doctora en 2007 en la Universidad de Guayaquil. Actualmente ejerce su profesión en un centro de salud del distrito 5 del Ministerio de Salud Pública (MSP), en el que atiende en su mayoría a niños.

Cuenta que su incorporación fue en 2013, luego de que se arriesgó a enviarle su currículum a la ministra Carina Vance. “Ella misma me respondió y me dijo que era importante que se incluya a profesionales GLBTI. Luego su asesor me llamó y vía Skype me hicieron la entrevista. La prueba era cronometrada”.

Desde entonces han transcurrido casi 2 años de su ingreso. “Aquí me tratan como doctora. Los padres de los niños que atiendo me guardan respeto al igual que mis compañeros. Creo que eso es algo que se gana y es lo que he hecho”.

Roberta asegura que hoy se vive una inclusión laboral en Ecuador. En septiembre, la asociación Comunidad Futura presentó la campaña para concienciar sobre la necesidad de que más personas trans obtengan un empleo.

Para Mariasol Mite, quien también es transexual femenina, alcanzar el puesto de asistente de participación integral en el Ministerio Coordinador de Desarrollo Social representó un desafío. Allí lleva un año liderando estrategias emblemáticas como nutrición, primera infancia, y hábitos saludables.

Mite, quien es graduada como licenciada en marketing, destaca que sí hay avances en la consecución de derechos GLBTI como el acceso a la salud y educación. “Antes que nos atendieran era una utopía, gracias al Presidente (Rafael Correa) hemos logrado que nos vean como personas”.

La también activista y miembro de la asociación GLBTI “Comunidad Futura” trabajó 2 años como supervisora de campo en el Registro Social y en el INEC laboró durante 5 años. En este último lugar dice que no tenía una estabilidad laboral. Había mucha discriminación disfrazada, según recuerda.

Ella dejó atrás sus trabajos en peluquerías y como trabajadora sexual. Lo mismo ocurrió con Maffer Vega, transfemenina. Consiguió este año un empleo formal como servidora pública en un centro de salud.

Allí se desempeñó en el área de enfermería, ginecología y pediatría. “Hace 6 meses ingresé y la acogida fue bastante nerviosa. Habían muchos que se burlaban al principio, luego la mentalidad fue cambiando”, cuenta la joven.

Además del trabajo, agrega que esto permitió que las necesidades de atención de la comunidad transexual sean más visibles. “Ellas se sentían más seguras al momento de pedir una cita médica”, cuenta Vega, quien este año está por concluir su licenciatura en Enfermería en una universidad privada de Milagro.

“Antes me vi en la necesidad de trabajar en una peluquería, pero eso no era lo mío. Ahora lo que quiero es prepararme”, añade.

Aunque Mite asegura que la inclusión laboral es mayor en el sector público, también hay historias de transexuales que han conseguido un espacio en el ámbito privado, pero no se visibilizan por el miedo de ser señaladas.

“A raíz de que vas trabajando y demuestras lo que haces a quienes tienes a tu alrededor, ellos se dan cuenta de que pueden trabajar con una chica transgénero con principios, fortalezas y que está empoderada de sus derechos. Nosotros no tenemos que buscar cambiar las leyes, sino cambiar la mentalidad”.

Vega resalta que otro de los cambios como parte de la inclusión que viven los GLBTI es la educación. “Antes estábamos obligadas a acudir al colegio con el uniforme masculino, aunque me sintiera mujer, y no había nadie que lo pudiese cambiar. Ahora eso ha cambiado”.

Recientemente, en una unidad educativa de Guayaquil una estudiante que se define como transfemenina consiguió que le permitan acudir con el uniforme femenino y que los profesores usen su nombre de mujer cuando tomen la lista. Hace unos meses un joven transmasculino obtuvo el mismo reconocimiento y trato.

Montero recuerda que tuvo que afrontar y terminar la secundaria y la universidad vestida como varón, y que en su título universitario constara su nombre masculino, que luego de varios trámites pudo cambiar por sus actuales nombres.

Además tuvo que aguantar la discriminación cuando cursó un postgrado en pediatría en la Universidad Católica, gracias a una beca que ganó, pero que no concluyó. “Sí se ha hecho mucho por nosotros, pero aún falta más”, concluye.

Tres jóvenes trans rompen las barreras laborales -SiluetaX

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